Madarcos es un diminuto pueblo enclavado en las estribaciones de Somosierra, en el Valle Medio del Lozoya, dentro de la Reserva de la Biosfera Sierra del Rincón.
Con apenas 70 habitantes, ha sabido conservar su arquitectura tradicional en piedra y esquisto, sus huertos familiares y su arraigada tradición ganadera.
Es, sin duda, una apuesta por el turismo rural auténtico, ideal para quienes buscan tranquilidad, patrimonio vivo y naturaleza intacta.
Aunque no hay documentación exacta sobre su fundación, se sabe que nació como asentamiento pastoral tras la Reconquista en la Edad Media.
Durante siglos su economía giró alrededor del cultivo de cereales y la ganadería.
En décadas recientes, la población ha reforzado su identidad mediante la recuperación de elementos tradicionales como la fragua, el potro de herrar y un reloj solar comunitario.
Iglesia parroquial de Santa Ana, de planta simple y origen en el siglo XVII.
Fragua y potro de herrar, restaurados como símbolos del oficio rural.
Reloj de sol y pilón, utilizados antiguamente para regular el riego comunal.
Ayuntamiento moderno, integrado con respeto en el entorno tradicional.
Paisajes fluviales a lo largo del río Madarquillos, rodeados de encinas, huertas y laderas boscosas.
Destacan las Jornadas “Madarcos Ayer y Hoy”, celebradas el primer sábado de octubre, donde se recuperan oficios antiguos con talleres de pan, miel o cestería, mercado de artesanía y bailes tradicionales.
También se organizan actividades de senderismo interpretativo, observación de estrellas y encuentros comunitarios a lo largo del año.
Perfecto para senderismo suave por rutas como la de los Molinos del río Madarquillos o la ruta circular de las dehesas.
También ofrece rutas astronómicas, fotografía de paisaje, observación de aves y experiencias de turismo rural en contacto con la naturaleza.
Altitud: 1.062 m
Población: alrededor de 70 habitantes
Accesos: por la A‑1 y luego la M‑143
Servicios: alojamiento rural, restaurante local, señalización de rutas, plaza principal y entorno natural accesible.
Fiestas de Santa Ana (25 y 26 de julio), con actos religiosos, música tradicional y comidas populares.
Jornadas de Tradición en otoño, con actividades culturales, talleres y encuentros vecinales.
Combinable con rutas por La Hiruela, Montejo, Piñuecar o Horcajuelo.
Ideal para desconectar, leer, pintar o pasear en un entorno sin prisas.
Muy recomendable en otoño por el colorido del paisaje, o en primavera por la floración de sus praderas y huertas.
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